Cómo perder el miedo al público en un concierto.

Parecería que esta cuestión preocuparía más a los músicos con poca experiencia, pero conozco casos de concertistas de larga trayectoria que nunca consiguieron verse libres de ese miedo. El "pánico en el escenario" tiene básicamente dos componentes psicológicos: miedo a un blanco imprevisto de la memoria, y miedo a un mal desempeño técnico.


Lo primero a saber, es que el desempeño técnico es particularmente traicionero cuando se estudia una partitura sin mayor análisis. Hay muchos intérpretes que no son conscientes del origen del nerviosismo, y luego, sufren consecuencias que hasta podrían comprometer el éxito de su carrera.

Comencemos entonces por el origen. Veamos en primer lugar la forma como trabaja la memoria.

En el ser humano la memoria es uno de los procesos cerebrales más complejos, porque puede incluir el razonamiento y, así, ser una parte de las actividades superiores del intelecto. Por cierto, podemos recordar cosas sin razonamiento alguno, pero la comprensión faltará y quizá quedemos algo confusos. De ahí nuestra tendencia natural a hallarle una explicación lógica a cualquier hecho que sea parte de nuestro conocimiento. En una palabra: recordar no es sinónimo de entender, pero todo lo que fuese entendido será más fácil de recordar.

Veamos un ejemplo bien simple, sólo para entender. Si las notas son do-mi bemol-sol, será evidentemente más fácil – y seguro de memorizar – pensar en un acorde de do menor y listo, aunque esas notas no fuesen simultáneas. Y, dicho sea de paso, así también es más rápido de pensar en el momento de tocar. Esta es la memoria analítica y puede ser entrenada aun en los niños, observando la simplicidad de las partituras en esa etapa de los estudios.

Pero el razonamiento no define a la memoria en si. Tan sólo es una parte del proceso cerebral coordinado que es bueno saber como funciona. La memoria se divide en ciertos “sectores” llamados memorias especializadas que corresponden a cada uno de nuestros sentidos. Para ver de qué se trata, continuemos desarrollando el mismo ejemplo.

En el momento de tocar, la posición de las manos obedecerá al impulso de pensar en el acorde. Ahí actúa la memoria motriz para conducir las manos hasta el lugar donde se deben ubicar en el instrumento. Esto sucederá, precisamente porque sabremos de antemano que se trata de un acorde de do menor y los dedos se ajustarán, casi automáticamente, en la posición correcta. La memoria auditiva también interviene en el proceso, trayendo en el momento justo el recuerdo de un sonido que se asocia con los otros factores. Si la partitura fuese estudiada minuciosamente, dividiéndola en partes bien analizadas, a ser tocadas sucesivamente, el riesgo de olvidos disminuirá todavía considerablemente. La participación de la memoria visual es casi una consecuencia natural, espontánea, luego de un análisis completo de la partitura. Entonces será muy difícil una falla total, o sea, un blanco absoluto de todas las memorias juntas, la analítica, la auditiva, la motriz y la visual, porque todas ellas se auxilian naturalmente entre ellas.

Con respecto a la técnica, muchas inseguridades también tienen origen en una falta de análisis. Es preciso determinar cuál es la mecánica natural de un pasaje de dificultad, saber si los movimientos que estamos haciendo son los correctos, si hay algún movimiento faltando o sobrando, si es conveniente o no levantar o bajar la muñeca, avanzar o retroceder las manos después de una nota para tocar la siguiente, etc. Los casos posibles pueden ser tan numerosos que es imposible mencionarlos todos. Pero lo que importa es entender que sin analizar bien la mecánica de un pasaje especial, de nada servirá repetir y repetir, sin pensar en nada, con la esperanza de vencer finalmente el problema solamente por insistencia.

Ya vas entendiendo, entonces, que estudiar no es lo mismo que practicar. Estudiar es analizar; practicar es repetir. Sin embargo, las repeticiones debes hacerlas poniendo mucha atención en todos los detalles que fueron analizados, hasta formar el hábito de pensar correctamente y sin esfuerzo durante toda la ejecución.

Durante los ensayos en casa, ten cuidado de no ser negligente con los “esfuerzos pasajeros” durante la ejecución de una obra completa, o sea, casi te equivocaste en un lugar pero, como el error no se llegó a producir… sigues tocando. Eso es peligroso, porque significa dejar para atrás un punto de estudio (o de práctica) que estaría faltando atender mejor. Recién cuando puedas sentir que la ejecución va acompañada de una facilidad confortable para pensar sucesivamente en todo lo que resultó del análisis, podrás sentir una sensación de seguridad tranquilizadora.

Pero todavía falta un detalle más. El nerviosismo se origina muchas veces en la tentativa de “ser brillante”, y entonces, tratando de “hacer el show”, la sensación es que el público es un monstruo alerta a las imperfecciones más insignificantes. Claro está, es bueno tener responsabilidad profesional, pero es igualmente importante ser consciente de que ese público espera escuchar música, espera tener un contacto con el arte, disfrutar, tal vez sentir una emoción… Debes ser tú mismo entonces, el primero en disfrutar la música que tocas para ese público. Así vas a conseguir transmitir emoción, sin preocuparte por ninguna otra cosa que no sea esa música que ya estudiaste en profundidad.

Por último, todo lo dicho también se aplica al canto. Una respiración defectuosa o inoportuna en una frase, o la falta de apoyo diafragmático, quizá también un mal manejo de los músculos faciales, y muchos otros ejemplos, pueden comprometer seriamente la emisión de la voz en un pasaje entero o en “aquélla” nota que ¡tánto nos preocupa! Igualmente, la falta de análisis de la estructura de los intervalos de la melodía puede comprometer la afinación correcta. En definitiva, el cantante deberá tener perfectamente asociadas la memoria verbal (para el texto que canta), la memoria analítica (la estructura de la melodía) y la memoria motriz hasta para los gestos corporales escénicos que hicieran falta si fuese un cantante de ópera. Nada debe quedar librado al azar y todo debe formar una unidad indisoluble. Una vez en el escenario, sólo restará transmitirle al público lo que el canto y la parte escénica expresan, y ello es posible de hacer sin temores si estamos seguros – igual que cualquier instrumentista - de que previamente nada se pasó por alto al estudiar y ensayar.

4 comentarios:

  1. Positiva la informacioón. Mis hijos estudian piano les será de gran apoyo.
    Saludos:)

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    1. Gracias por el comentario. Por cualquier consulta al respecto estoy a las órdenes.
      ¡Saludos!

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  2. Tremendo! Me hubieran enseñado esto cuando era chico. Fantástico tu blog en general. Aunque seamos minoría quienes estemos en condiciones de apreciar la calidad de estos contenidos (las cosas como son, estos no son temas que mueven masas), el trabajo que hay en estas líneas tiene un valor impresionante. Mi enhorabuena!

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    1. Gracias por tus apreciaciones, Rodrigo.
      Me alegra mucho que el contenido de mi artículo haya sido útil a alguien que tiene la inquietud de buscar esos temas que no mueven masas...
      Un saludo.

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