2/22/2014

Festival Internacional de Contrabajo de Montevideo, Thierry Barbé Master...

MOZART: el músico entre dos tendencias




Hacia mediados del siglo XVIII el concepto de mímesis como criterio para la apreciación del arte, es decir, la estética como disciplina,  cedería su lugar al concepto de poiesis, donde el arte se torna autónomo. Con esto, el arte deja de ser una copia de modelos externos y se concentra en el quehacer puramente artístico. De ahí surgieron dos tendencias generales: la del modelo clásico centrado en la estructura, y el modelo romántico enfocado hacia la intencionalidad. El primero es objetivo, mientras que el segundo es subjetivo.

Por “clásico” se entiende que el artista se preocupa por alcanzar la claridad y la concisión, teniendo en la tradición uno de los valores más importantes. Por “romántico”, en cambio, se entiende que el  artista cultiva, ante todo, la expresión y la fantasía creadora  y ve en las formas tradicionales un obstáculo para la creatividad.

Mozart actuó en ambos frentes, tal como algunas de sus obras lo revelan. En contraste con obras de perfecto equilibrio según el más genuino estilo “clásico”, hay otras, como la Fantasía K 475 (1875) que tienen una estructura completamente irregular con modulaciones hacia tonalidades lejanas e interrupciones abruptas, además de cambios inesperados de texturas armónicas. Obras como ésta – entre otras similares de la producción mozartiana (Sonata K 457, Sinfonía Praga K 504 con una dramática introducción, etc.) – dicen claramente que el compositor se sabía expresar también en un lenguaje musical apasionado y enérgico muy próximo al de los románticos.

En este contexto es interesante conocer ciertos rasgos de la personalidad de Mozart. Fue uno de los primeros músicos que decidió no trabajar como servidor palaciego ni de la Iglesia. Vivía de dar clases y componer  músicas que le encomendaban. Como simpatizante de las ideas de la Revolución Francesa no se sentía a gusto en la servidumbre palaciega. Su célebre desentendimiento con el príncipe-arzobispo de Salzburgo en 1781 le dio fama de músico excéntrico y rebelde. Pero ésta sería una característica que pasaría a ser cultivada más tarde por los artistas del Romanticismo.

Por estas características en conjunto es que Mozart es considerado, por muchos, como el primero de los románticos, a pesar de que ese sitial se le adjudica comúnmente a Beethoven. 

2/21/2014

Al momento de abrir una página de música...



Al momento de abrir una página de música tenemos delante algunos problemas que resolver, y son:

·  Descubrir la estructura de la música escrita.
·  Saber qué movimientos técnicos hay que realizar.
·  Observar todos los detalles acerca del ritmo, la    dinámica, el fraseo, etc.

En suma: primero saber exactamente qué hay que hacer, y después hacerlo. Pero, en el momento de hacerlo, hay que saber controlar si lo que hacemos está efectivamente bien hecho. Este control sobre uno mismo es de la mayor importancia. Supongamos, por ejemplo, que hemos decidido que para tocar un determinado pasaje conviene colocar las manos en tal o cual posición, porque ésta es más ventajosa que cualquier otra. Pues bien, después de haber decidido esto, al ensayar deberemos prestar mucha atención para darnos cuenta de si al llegar ahí, justamente a ese pasaje, pensamos en esa posición de las manos, o si, en cambio, lo recordamos recién cuando ya hemos tocado algunas notas… y ya es demasiado tarde. Si ocurriese esto último habrá que repetir hasta formarnos el hábito de pensar en ése detalle, en el momento justo y sin esfuerzo.

Obsérvese que no se trata de repeticiones irreflexivas. Para saber qué hay que hacer antes de hacerlo, se necesita una lectura atenta de la partitura. Es decir, nunca comenzar a tocar y a repetir sin analizar, lo cual parecería más sencillo al principio, pero, a la larga, traerá varias dificultades importantes, como, por ejemplo, la posible creación de malos hábitos motrices que habrá que corregir después (nunca se debe creer que tales correcciones equivalen a un “perfeccionamiento” después que la partitura estuviese “aprendida”). Para estudiar hay que seguir un orden lógico:

· Leer
· Observar los detalles
· Entender el por qué de esos detalles
· Tocar
· Retener (memorización)

Estas cinco etapas se pueden hacer en forma más o menos simultanea, si se quiere, o por separado, pero siempre distinguiendo cada etapa. Por ejemplo, se puede hacer en forma casi simultánea así:

·  Al leer atentamente, ya se observan los detalles – ello es casi inevitable – y, al observar los detalles, se descubre una relación entre ellos. Este descubrimiento nos deja entender cómo está hecha la música y nos da una idea de cómo hay que tocarla y hasta de cómo interpretarla artísticamente. Recién entonces estaremos en condiciones de poder tocar observando si cumplimos con todos esos detalles tratando de que los mismos queden en la memoria.

¿Cuáles son los requisitos necesarios para poder estudiar de esta manera? Son los siguientes:


   
Elementos psicológicos
Conocimientos
Atención
Observación
Comprensión
Memorización
Lectura
Teoría musical
Técnica instrumental o vocal








Referente a los elementos psicológicos es interesante saber que son requisitos que no pueden existir ninguno sin todos los demás. Podemos observar algo solamente a condición de que eso nos llame la atención (o que le pongamos atención voluntaria) y, si comprenderemos lo que estamos observando, será mucho más fácil de recordarlo. Si hay olvidos parciales al querer recordar, es porque ha habido alguna falta de atención en algún momento y, por lo tanto, faltó observación, y algo quedó sin ser totalmente comprendido.

Ocasionalmente recordamos hechos que no comprendemos bien, pero que hemos observado con gran atención. Y decimos que recordamos perfectamente todo lo que vimos. Sin embargo, en estos casos es común que la memoria falle en los detalles. Es característico que en este tipo de memoria irracional haya confusión en la descripción detallada de los hechos, confusión que aumenta a medida que se pide más y más detalles precisos. Incluso es bastante común la falsa memoria, donde la persona cree que recuerda, pero, en realidad, está imaginando cosas que no ocurrieron y le sirven para armar el rompecabezas. Para un músico (estudiante o no) el asalto imprevisto de esta clase de memoria puede ocurrirle en la medida en que haya dejado de observar detalles al estudiar; es característica la aparición de dudas acerca hasta de las notas de la partitura, las digitaciones, etc., e incluso podrá llegar a imaginar lo que no está escrito, pero, como de todos modos sabe que no es así que está escrito, las dudas pueden llegar a ser tan grandes que le causen pánico si está actuando en público. Por eso es tan necesario vigilar, ya a partir del primer ensayo de todos, que estemos recordando todos los detalles y cada uno en el momento preciso en que debe ser recordado – ni antes ni después.

Respecto a los conocimientos necesarios en teoría de la música, no es necesario hacer mayores comentarios. Solamente cabe decir que son los que nos permiten hacer el análisis suficiente para comprender cómo está compuesta la música. Es – haciendo una comparación – como un idioma que, si no lo sabemos comprender, tampoco podremos entender el significado de lo que está escrito. Y el estudiante que no aplique los conocimientos de teoría al estudiar, hará algo muy parecido a quien aprende por fonética unas cuantas frases de un idioma extranjero sin saber lo que eso significa. Es decir, tocará de oído y su técnica será puramente mecánica.

En los niños esta última observación es particularmente importante. Nunca se debe separar el estudio de la teoría musical por un lado, y el estudio de partituras por otro lado – aún en las partituras más sencillas. La asociación entre la música y la teoría (hasta la más elemental si fuese el caso) formará un buen hábito. Lo contrario inculcará formas mecánicas de estudiar y crearán el hábito de la falta de atención.

Acerca de la técnica (vocal o instrumental) creo oportuno indicar cuál es la importancia real de los ejercicios. El entrenamiento muscular y el dominio mental sobre los músculos son dos cosas diferentes, aunque tengan relación entre sí. La función de los ejercicios es esencialmente la de desarrollar los músculos de manera que respondan a las exigencias de la ejecución musical. La habilidad en el manejo de los músculos, en cambio, es un factor mental y los ejercicios no aportan gran cosa en este sentido. La habilidad se desarrolla mediante la atención en realizar correctamente los movimientos necesarios, sea para tocar un instrumento o para la emisión de la voz. La habilidad que se puede desarrollar mediante el estudio atento de partituras siempre será superior a lo que los ejercicios de por si solos puedan brindar – excepto, claro está, que se recurra a ejercicios de extrema dificultad motriz, pero yo dudaría acerca de la utilidad que podrían tener para el entrenamiento y para la musicalidad. Lo más recomendable es una dosificación de ejercicios (de entrenamiento y mantenimiento del buen estado muscular) y dejar que la habilidad se desarrolle con naturalidad estudiando música.


2/05/2014

Los poderosos no le gustaban a Beethoven.

Esta es la página inicial del manuscrito de la Sinfonía Heroica de Ludwig van Beethoven, donde se puede ver que eliminó la dedicatoria a Napoleón Bonaparte.
No solamente la dedicatoria quedó ilegible, sino que Beethoven, amante de la libertad, al saber que Napoleón se había declarado emperador, suprimió la dedicatoria con tal furia que rasgó el papel.