Contrapunto: qué es y qué no es.

A muchos les parece casi una ciencia, otros piensan que es cosa antigua, otros más, al contrario, insisten en que no es una ciencia pero define a un buen compositor incluso si fuese moderno. Una cosa es cierta: es parte de los estudios superiores de música. ¿En qué consiste exactamente? Vale la pena sumergirnos en este tema que para muchos estudiantes es un rompecabezas con un montón de reglas difíciles de dominar.


Johann Joseph Fux (1660-1741) fue un compositor austriaco autor de una obra didáctica llamada “Gradus ad Parnassum”. Ese tratado fue la base de todos los demás tratados en la materia hasta hoy. Fue reconocido por compositores como Bach en primer lugar, y luego Haydn, Mozart y Beethoven. El libro está escrito en forma de diálogo entre maestro y discípulo. Resumidamente, la metodología consiste en establecer la mejor forma de hacer oír dos o más melodías (voces) conjuntamente. Con ese fin, establece tres tipos de movimientos entre las voces: movimiento directo, contrario y oblicuo. No considera el movimiento paralelo, porque pertenece a la armonía y no al contrapunto. Fux explica luego que hay cinco formas posibles de aplicar estos movimientos y son las cinco especies de contrapunto. El aprendizaje se hace – incluso hoy – mediante ejercicios para aplicar una por una cada especie, hasta alcanzar el nivel máximo cuando se aplican todas las especies para todos los movimientos posibles.

Ahora vamos a simplificar esto un poco.

La didáctica de Fux es muy buena, pero no debemos creer que su método particular de enseñar sea un conjunto de leyes con algún fundamento científico que no se puede contrariar. Digo esto, porque hay muchos que piensan que las cinco especies son casi el cimiento de una disciplina definida por esa característica. Sin embargo, la realidad es que Fux encontró que esa era una buena manera de enseñar y sólo eso. La historia del contrapunto se remonta a la Edad Media y el canto coral cristiano. Las primeras tentativas de escritura musical indicaban el “camino” melódico de cada una de las voces del coro y utilizaban puntos para indicar las notas. De esta forma, una melodía “contra otra” quedaba escrita en forma de “puntos contra puntos” . De ahí el origen del nombre. Luego, a través del tiempo, los resultados sonoros fueron siendo evaluados por sucesivos compositores observando diferentes formas de organizar esos “puntos”. Una de las reglas más conocidas, que es evitar las octavas y quintas paralelas, se origina tan sólo en el cuidado de evitar que el sonido resultante de la armonía sea semejante a los coros de la Edad Media que, precisamente, cantaban en octavas y quintas paralelas.

Este ejemplo nos permitirá razonar con mayor libertad sobre el tema. Si fuésemos a sintetizar todas las reglas del contrapunto clásico y moderno, la conclusión sería que el objetivo es siempre el mismo: buscar que cada una de las voces haga una melodía diferente. Evidentemente, el paralelismo - aun de cualquier intervalo como terceras o sextas -  no cumple con esta condición porque simplemente duplica la melodía a una determinada distancia casi sin variedad alguna. En la armonía eso se permite, pero no siempre en el contrapunto que es esencialmente melódico. No obstante, salvo esta excepción, vamos a sacar una conclusión evitando prejuicios: las formas de organizar las melodías a ser escuchadas simultáneamente, están sujetas a lo que en cada época se entendía por “buen gusto”. En prueba de esto, las normas del propio Fux fueron creadas en base a las escalas modales, que luego fueron abandonadas. Más tarde, la estética de los siglos XIX y XX transformó aquel viejo contrapunto en una disciplina sólo universitaria o para programas de conservatorios en nivel superior. La obsolencia se puede constatare en tratados ya escritos en el siglo XX por compositores como Hindemith o Schöenberg, que predicaban una evolución progresiva del estudiante, desde la antigüedad hasta la armonía y el contrapunto modernos, bajo el entendido de que esa es la forma como el futuro compositor será bien formado. Sin embargo, olvidaron aclarar que ellos mismos crearon muchas de las nuevas reglas, como, por ejemplo, las reglas para el contrapunto politonal o dodecafónico.

En definitiva, yo daría dos consejos. En primer lugar, sea creativo a la hora de componer una música, sepa que fue así como surgieron muchas innovaciones que hoy son reglas inscriptas en los tratados. No se sienta un genio, pero tampoco un ignorante total que nunca termina de aprender a componer porque las reglas están ahí. Y, en segundo lugar, siempre es bueno hacer crecer la propia cultura, o sea, en este caso, nunca está de más saber como fue que los compositores hacían su trabajo en el pasado, cuáles eran las reglas que aplicaban y cuáles no. Un punto de vista amplio así, podrá ayudar a hacer una distinción saludable entre la imposición académica y lo que es la libertad artística. El principio de variedad es esencial en la técnica para componer una estructura contrapuntística. Pero esa variedad tiene que ser hija de la imaginación creativa, y también de la autocrítica, nunca de la obediencia ciega ni de la seguridad que da, eventualmente, saber que estamos haciendo todo tal cual dice el libro.

2 comentarios:

  1. Super interesante el artículo. A estas alturas de la vida empiezo a ver que el estudio del contrapunto no es algo tan inaccesible como me parecía desde mis tiempos de conservatorio; pero está claro que también forma parte del proceso personal de madurez como músico. En fin, me ha sabido a poco, pero al menos ya tengo un blog más que seguir. Gracias por compartir tu conocimiento.

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    1. Es que los compositores, a medida que la polifonía se fue desarrollando, quizá no sintieron que el contrapunto fuese algo "inaccesible", por la sencilla razón de que ellos mismos ¡lo estaban creando! Las complicaciones las fueron creando después los académicos que adoptaron como ley lo que no habían sido más que hallazgos del proceso creador, y así hicieron de todo esto una especie de ciencia oculta, casi una suerte alquimia comprensible para iniciados. Por cierto, el contrapunto es parte de la formación y madurez de un músico, y la prueba está en casos como nada menos que Beethoven o Chopin, viendo cómo sus estilos se enriquecieron al introducir en sus últimas obras elementos de estructura contrapuntística.

      ¡Gracias por seguir mi blog!

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